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Alienor era nieta del duque Guillermo IX, tambi�n poeta.
Las obras de Mar�a de Francia tuvieron una inmensa popularidad, no solo en vida de su
autora, sino tambi�n durante todo el siglo XIII y principios del XIV.
11. La compa��a de los Tolomei, una de las m�s importantes bancas sienesas junto con la de
los Buonsignori, era poderosa y c�lebre desde comienzos del siglo XIII. Su principal cliente era el
papado. Su fundador, Tolomeo Tolomei, hab�a participado en una embajada cerca del Papa
Alejandro III. Durante el pontificado de Alejandro III, los Tolomei fueron banqueros exclusivos de
la Santa Sede. Urbano IV los exceptuó de la excomunión general decretada contra Siena entre 1260
y 1273. Hacia esta �poca (fin del reinado de San Luis, comienzos del de Felipe III) los Tolomei
comenzaron a aparecer en las grandes ferias de Champa�a, y Spinello fundó la rama francesa de la
compa��a. Todav�a existe en Siena una plaza y un palacio Tolomei.
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12. La ordenanza de Carlos IV sobre prohibición de salida de moneda francesa dio ocasión,
ciertamente, al tr�fico ilegal, ya que otra ordenanza publicada cuatro meses despu�s, prohib�a
comprar oro y plata a curso m�s alto que el de las monedas del reino. Un a�o despu�s les retiraron a
los mercaderes italianos el derecho de burgues�a, lo que no significa que tuvieran que abandonar a
Francia, sino simplemente volver a comprar, una vez m�s, la autorización para tener comercio.
13. 19 de noviembre de 1323. Juan de Cherchemont, se�or de Venours en Poitou, canónigo
de nuestra se�ora de Par�s, tesorero de la catedral de Laon, hab�a sido ya canciller al final del
reinado de Felipe V. Carlos IV, a su advenimiento al trono, lo reemplazó por Pedro Rodier. Pero
Carlos de Valois, cuyo favor hab�a sabido ganarse, lo repuso en su cargo en esta fecha.
14. El reglamento propuesto al Papa, despu�s de un consejo general celebrado en Gisors en
julio de 1323, preve�a que el rey ser�a beneficiario de trescientas mil libras de las cuatrocientas mil
de los gastos accesorios. Pero se especificaba tambi�n -y en esto se le ve�a la oreja a Valois- que si
el rey de Francia, por la razón que fuera, no se pon�a a la cabeza de la expedición, este desempe�o
pasar�a por derecho a Carlos de Valois, quien se beneficiar�a entonces a t�tulo personal de los
subsidios proporcionados por el Papa.
15. Se suele olvidar que hubo dos guerras de Cien A�os entre Inglaterra y Francia.
La primera, que va desde 1152 a 1259, se consideró terminada por el tratado de Par�s,
concluido por San Luis y Enrique III Plantagenet. De hecho, entre 1259 y 1338, los dos pa�ses
entraron en conflicto armado dos veces m�s, siempre por la cuestión de Aquitania: en 1294 y, como
se ver�, en 1324. La segunda guerra de Cien A�os, que empezó en 1328, no tuvo por origen la
diferencia de Aquitania, sino la sucesión al trono de Francia.
16. Esto da un ejemplo del extremado embrollo a que hab�a llegado el sistema feudal,
sistema que generalmente se presenta como muy sencillo, y que efectivamente lo era en su origen;
pero que acabó por ahogarse en las complicaciones nacidas con su uso,
Hay que darse cuenta de que la cuestión de Saint-Sardos, o el asunto de Aquitania en
general no eran excepciones, sino que lo mismo ocurr�a con Artois, Flandes, las Marcas galesas, los
reinos de Espa�a, el de Sic�lia, los principados alemanes, Hungr�a, y con toda Europa.
17. Estas cifras han sido calculadas por los historiadores seg�n documentos del siglo XIV,
bas�ndose en el censo del n�mero de parroquias, y de los difuntos de cada parroquia, a razón de
cuatro habitantes por difunto. Se entienden para el periodo alrededor de 1328.
Durante la segunda guerra de Cien A�os, los combates, el hambre y las epidemias hicieron
decrecer la población en m�s de un tercio; hubo que esperar cuatro siglos para que Francia volviera
a alcanzar el nivel demogr�fico y de riqueza que tuvo con Felipe el Hermoso y sus hijos. A
comienzos del siglo XIX se pod�a considerar que en cinco departamentos franceses, la densidad
media de la población no hab�a llegado a las cifras de 1328. Incluso en nuestros d�as, algunas
ciudades, prósperas en la Edad Media y arruinadas por la guerra de los Cien A�os, est�n por debajo
de su situación de entonces. Con esto se puede considerar lo que costó a Francia la guerra inglesa.
18. Nuestros lectores tal vez se sorprendan por el empleo de piezas de artiller�a en el asedio
de La R�ole en 1324. En efecto, la aparición d� la artiller�a de pólvora data tradicionalmente de la
batalla de Crecy en 1346.
Crecy fue la primera batalla en que se empleó la artiller�a en campo raso y en guerra de
movimiento. No se trataba, sin embargo, m�s que de armas de relativamente poco calibre, que no
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hicieron grandes estragos ni impresión. Ciertos historiadores franceses han exagerado los efectos de
esta artiller�a para explicar una derrota debida mas a la fogosa tonter�a de Felipe VI y de sus
barones que al empleo por sus adversarios de armas nuevas.
Pero los �tiros de pólvora� de Crecy eran una aplicación de la gruesa artiller�a de fuego
empleada en los asedios desde hac�a una veintena de a�os, junto con la artiller�a cl�sica -incluso se
puede decir antigua ya que hab�a variado poco desde C�sar y hasta desde Alejandro Magno- que
lanzaba sobre las ciudades, por sistemas de palanca, balanc�n, contrapeso o muelles, bolas de piedra [ Pobierz całość w formacie PDF ]
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